Y aquí está el quid de la cuestión: la tecnología que se utiliza para aplicar estas medidas ni siquiera está a la altura. La tecnología de estimación de la edad y verificación de identidad es, en el mejor de los casos, poco eficaz y, en el peor, discriminatoria. Además, todo sistema de verificación de edad es, en esencia, un sistema de vigilancia.
Aunque existen varios métodos diferentes de verificación de la edad en el mercado, no hay ninguna tecnología disponible que proteja totalmente la privacidad, sea totalmente precisa y garantice una cobertura completa de la población.
Los sistemas de reconocimiento facial son notoriamente poco fiables para las comunidades marginadas y suelen errorarse al estimar la edad basándose en el tono de piel, el género y la discapacidad. Por su parte, los sistemas basados en documentos de identidad o en datos excluyen a quienes no disponen de documento de identidad o cuya apariencia no coincide con la de sus documentos actuales.
El método más habitual de verificación de la edad —subir una foto de tu documento de identidad oficial junto con una selfie o un vídeo «en directo»— es mucho más invasivo que una comprobación de identidad presencial.
En Internet, los usuarios no tienen forma de verificar que su información privada se haya eliminado, ni de asegurarse de que no vaya a ser copiada, vendida o robada. Las empresas que afirman eliminar datos personales, como los documentos de identidad —incluidas las empresas de verificación de edad—, ya han sufrido filtraciones de datos, y cuantos más datos recopila una empresa, mayor es la probabilidad de que se produzca una filtración.
Los enfoques alternativos, como la estimación de la edad facial o el seguimiento del comportamiento, tampoco son seguros.
Se basan en algoritmos o sistemas de IA con altas tasas de error, sobre todo a la hora de estimar la edad teniendo en cuenta las diferencias raciales y de género. Otros sistemas vinculan a los usuarios con bases de datos financieras o sistemas de identificación digital, lo que agrava la discriminación y excluye a personas en el proceso. Por último, tal y como ha demostrado la EFF, ni siquiera tecnologías prometedoras como las pruebas de conocimiento cero o las VPN pueden resolver el problema subyacente cuando la propia ley es defectuosa.
Estas obligaciones crean objetivos irresistibles tanto para los piratas informáticos como para los gobiernos, normalizando los controles de identidad constantes en toda la web y desafiando, de paso, las normas de seguridad en Internet establecidas desde hace tiempo.
Nadie debería tener que sacrificar su privacidad o su anonimato para ejercer su derecho a la libertad de expresión en línea.








